Socióloga e investigadora, especializada en prevención de violencia sexual y de género.
Ilustración cedida por @Javitxuela

Ilustración cedida por @Javitxuela

De tanto en tanto, sobre todo durante este mes de noviembre, los medios de comunicación se ponen en contacto con alguna de las asociaciones que formamos parte de la Federación Stop Violencia Sexual para pedirnos si, por favor, pueden entrevistar a alguna “víctima” de agresión sexual. En general, son peticiones que recibimos con cierta reticencia y cierto cuidado, sobre todo, cuando el testimonio que buscan está centrado en indagar sobre qué les ocurrió y cómo.

Si aceptamos, intentamos contactar con aquellas chicas que acuden a nuestros centros que creemos que pueden contar su historia sin que eso les suponga un impacto negativo en su recuperación. En esos casos, comentamos previamente con la/el periodista el enfoque del tema, el tono y contenido de las preguntas, solicitamos que sólo salga la voz y acompañamos a la chica durante la entrevista, si lo consideramos necesario o ellas lo solicitan.

Las chicas que acceden a ser entrevistadas lo hacen por dos motivos principales. El primero, porque creen que contando lo que les pasó pueden ayudar a otras que también hayan vivido una agresión. El segundo porque piensan que, compartiendo su historia, contribuyen a visibilizar la violencia sexual que sufren muchas niñas, adolescentes y mujeres adultas a diario. Por estas dos razones, prestan su voz, su historia y, en ocasiones, su imagen, porque son además conscientes de la potencia comunicativa que tienen las experiencias propias contadas en primera persona.

Las chicas que acceden a ser entrevistadas lo hacen por dos motivos principales. El primero, porque creen que contando lo que les pasó pueden ayudar a otras que también hayan vivido una agresión. El segundo porque piensan que, compartiendo su historia, contribuyen a visibilizar…

Alguna vez cuando hemos recibido estas llamadas de periodistas en busca de “víctimas” me he preguntado qué pasaría si un día todas las chicas que han sufrido violencia sexual fueran con un cartel por la calle que dijera: “a mí me agredió mi exnovio”, “a mí, mi compañero de piso”, “a mí me violó un amigo de un amigo en las fiestas del pueblo”, “de mí abusó mi tío”, “de mí, el padre de una amiga”, “a mí me manosearon en un concierto”, “a mí mi jefe me obligaba a tocarle. De forma repetida, durante un año”. Sin duda, se sorprenderían de la cantidad de mujeres que llevarían ese cartel, de la cantidad de “víctimas” que se encontrarían, muy probablemente algunas de ellas en su mismo entorno.

Sólo en el año 2016*, en las asociaciones de la Federación Stop Violencia Sexual hemos recibido 7.486 consultas telefónicas o por e-mail de chicas y mujeres que han sufrido algún tipo de agresión sexual. Son muchas consultas. Son muchas víctimas. Son muchos agresores.

Sólo en el año 2016, en el conjunto de la Federación, se llevaron a cabo 2.363 actuaciones jurídicas y 3.363 consultas psicológicas. Son muchas mujeres atendidas. Son muchas víctimas. Pero también muchas supervivientes.

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El concepto de “víctima” es necesario porque cuando hay una víctima, se señala a un agresor. Se señala al culpable, se señala el delito. Pero no olvidemos que detrás de la víctima hay mucho más. Que ser víctima es un estado necesario, pero transitorio, en el proceso por el que pasa una mujer tras una agresión sexual. Y en demasiadas ocasiones, estas entrevistas se centran en la versión de las mujeres como “víctimas”, obviando todo lo que eran antes de la agresión, todo lo que siguen siendo.

El concepto de “víctima” es necesario porque cuando hay una víctima, se señala a un agresor. Se señala al culpable, se señala el delito. Pero no olvidemos que detrás de la víctima hay mucho más.

Percibir a una mujer sólo en el papel de “víctima” puede producir rechazo, temor y también mucha rabia. No es justo (y tampoco ayuda) verla través de lo que sólo es una versión de ella misma. Una versión que puede ocupar más o menos espacio en su vida, pero que no define quién es.

Y aquí es donde entra la principal labor que realizan  las profesionales de nuestras asociaciones: hacer todo lo posible para garantizar que las mujeres que han sufrido una agresión recuperen sus vidas, pasando de ser víctimas a ser supervivientes. Que vuelvan a sentirse fuertes y seguras al salir a la calle, que puedan sobreponerse al miedo a estar sola, que puedan incorporarse de nuevo a su trabajo o retomar sus estudios, que puedan volver a desear a alguien, a disfrutar de las relaciones sexuales, a confiar en los hombres, a permitirse querer y que las quieran.

Por eso, en esta semana en la que conmemoramos el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género, queremos  expresar nuestro agradecimiento y reconocimiento a todas las mujeres que habéis accedido a contar vuestra historia de supervivencia. A aquellas que hablando de vosotras, habéis hablado en nombre de otras mujeres. A aquellas que con vuestro testimonio habéis hecho que se viera lo que siempre es tan incómodo de ver. A aquellas que no podéis contar, pero querríais.

En esta semana en la que conmemoramos el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género, queremos expresar nuestro agradecimiento y reconocimiento a todas las mujeres que habéis hablado en nombre de otras mujeres, de todas las mujeres.

También a las que, compartiendo vuestra experiencia, dais pie a que se articulen movimientos y colectivos para luchar contra las agresiones sexuales en un barrio o municipio.  A las que tenéis el compromiso feminista como parte de vuestra recuperación.  A todas las trabajadoras sociales, psicólogas y abogadas que formáis parte de las asociaciones de Stop Violencia Sexual que ayudáis a reparar, a pasar página. A todos los colectivos y asociaciones que trabajáis desde el feminismo por la erradicación de la violencia machista en todas sus manifestaciones. Y, por último, a todas las amigas, amigos, vecinas, parejas y familiares, que acompañáis a las supervivientes de la violencia sexual.

A todas, gracias.

Publicado en: http://tribunafeminista.org/2016/11/yo-superviviente/

 

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