Por Tamara de la Rosa – stylename=”050_FIR_opi_02″tamaraconsulta@gmail.com

Cierto es que debemos mostrar tolerancia cero ante cualquier tipo de violencia, proceda del sexo que proceda y dirigido a quien sea (persona o animal), pero debido al escalofriante número de muertes por violencia machista que se han producido en lo que llevamos de año, hoy me dirijo a las víctimas, que cegada por emociones y sentimientos contrariados, o por el temor a las consecuencias que pudieran tener, son incapaces de poner punto y final al infierno en el que viven. Me dirijo a esa persona que, por un lado, desea salir de la situación en la que se encuentra pero no sabe cómo, y que por otro tiene miedo al arrepentimiento ya que no solo es víctima de la violencia, sino víctima de dependencia emocional. O también, a esa persona que al sentirse desprotegida es presa del miedo a que todo pueda ser aún peor y no da el paso de tomar distancia de su verdugo. Me dirijo a esa persona en femenino, no por otra cosa que por el elevado número de mujeres que han perdido la vida en estos 6 meses de año porque sus parejas, o exparejas, lo decidieron así. Un asunto de interés no solo para las mujeres sino para la sociedad, ya que quien no tenga hijas, tiene madres, primas o amigas y hoy puede ser un caso que vemos en TV y mañana puede ser alguien cercano a nosotros.

Seguro que empezaste la relación con muchísima ilusión y más, con esta clase de personas que son encantadoras de serpientes. Personas extremadamente entregadas que te dicen todo lo que necesitas oír haciéndote sentir especial y única. Solo quiere pasar tiempo contigo. Te sientes tan especial y protegida que te comienzas a aislar y a ceder a la exclusividad a la que, sin darte cuenta, estás siendo sometida. Cuando aparecen las primeras conductas de celos, a pesar de ser consciente que son desmesurados y sin sentido, lo tomas como un halago y prueba de amor hacia ti. Al fin y al cabo, supuestamente actúa así porque no se imagina sin ti y siente temor a perder lo que más quiere, tú. Poco a poco, los celos van a más y cuando intentas poner freno, aparecen los chantajes emocionales: “Tú eres la primera persona con la que me pasa esto. Nunca he sentido esto por nadie y de pensar que te pierdo me vuelvo loco”. Apostaría lo que fuera que cuando te dijo esto se te movió tu lado emocional, te emborrachaste de pena y te planteaste que quizás podías haber hecho las cosas de diferente manera para evitar que se sintiera así. En este momento, entras en la fase de justificar sus celos patológicos. Tras unos días de paz, la historia se vuelve a repetir y vuelves a perdonar, pero cada vez el periodo de discusión es más intenso. Empiezan los insultos, las humillaciones y tú, por no discutir, agachas la cabeza. Empiezas a normalizar la situación. Te acostumbras a ese trato. Te empiezas a desvalorizar como persona y tu pareja pasa a ser tu prioridad. Vives exclusivamente por y para tu relación. Ya no eres su pareja, eres su posesión. Sin darte cuenta, volcándote al cien por cien en tu relación y queriendo evitar su “sufrimiento”, te has alejado de todas tus relaciones sociales, incluso de tu familia. Y es que son expertos en la manipulación con las que llegas a perder tu identidad, tu esencia. Es cierto que por su parte recibes el peor trato que nadie podría imaginar, pero al haberte aislado de todo, los únicos momentos afectivos también los recibes únicamente por su parte, por lo que esos momentos los disfrutas tan intensamente que estos cambios, junto a tu autoestima totalmente mermada, es lo que te genera dependencia emocional. De manera progresiva, la situación continúa empeorando. Un día, de los insultos y las humillaciones pasa a un empujón, y de ahí en un abrir y cerrar de ojos empiezas a visitar urgencias por lesiones continuas. Lo peor de todo es que no se lo cuentas a nadie. Sufres en silencio, por vergüenza, por no oír consejos como “sepárate” o, simplemente, por miedo a las consecuencias. Llega un momento en el que dejas hasta de opinar. Tu pareja malinterpreta todo lo que dices. Cualquier comentario lo lleva al terreno de los celos y, cómo no, acaba en una paliza. Muchas veces piensas que lo mejor sería denunciar pero el miedo a las consecuencias te invade. Y en caso de tener hijos piensas que se vengaría con ellos, por lo que continúas aguantando. Las veces que has decidido acabar la relación aparecen las amenazas con quitarse la vida. Muchos de ellos hacen amagos, ingiriendo cajas de pastillas e ingresando. Y entonces aparece de nuevo en ti el sentimiento de culpa. Un auténtico infierno.

Rompe el silencio con alguien. Tienes la posibilidad de empezar de cero. Una vida sin dolor, sin miedo y sin maltrato. Lucha por recuperar tu identidad y volver a ser feliz.

Si te pega no te quiere. Quiérete tú.

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