Manifestación feminista

* Artículo de Raquel Rosario Sánchez, escritora dominicana. Especialista en Estudios de la Mujer, Género y Sexualidad. Arde por el desmantelamiento del patriarcado en su totalidad, pero muy especialmente, arde con ansias por ver el fin de la violencia contra niñas y mujeres. Todas las violencias.

“Tú eres una bruja”, me dijo la compañera. Mi mejor amiga y yo estábamos en su apartamento bebiendo cerveza, hablando y riéndonos de nuestros problemas. Yo tenía como seis meses que no salía de algunos líos bastante marañosos, que en realidad todos tenían que ver con el feminismo. Me preocupaba que, poco a poco, mi vida se estaba convirtiendo en eso: en nunca salir de algún lio por embromar con el patriarcado. 

La compañera me dobla la edad. Su personalidad siempre me ha causado gran admiración: es muy inteligente, bullosa y corajuda. Se llama Gloria. La mayoría de las personas que la conocen piensan que ella da miedo. Aquí entre nos, a mí también me da miedo, pero más que eso, me causa inspiración. Ella ha dedicado su vida entera a trabajar para erradicar la violencia contra la mujer; es su misión. Quizás es por eso que, aunque en realidad es muy simpática, ella siempre parece estar a ley de dos segundos de agarrar unos fósforos y quemarlo to’. Siempre que yo estoy en problemas, me gusta escuchar y aprender de las compañeras feministas mayores. Ellas han vivido más tiempo en esta cultura machista, en medio de contextos legales y sociales más áridos, y, por lo tanto, esa desprotección significa que han pasado más trabajo con el patriarcado. Cuando le pedí a mi mejor amiga que fuéramos a ver aquella compañera, más que una visita de cortesía se sintió como una visita a una oráculo.

“Tú eres una bruja. Y está que está aquí es otra bruja”, dijo señalando a mi amiga, también una tremenda revoltosa. “Y yo también soy una bruja”, dijo empinándose de la cerveza. Aunque no lo admitía en ese entonces, yo tenía mucho miedo y me sentía muy insegura. Como mujeres, a nosotras nos crían para ser siempre muy agradables y caer bien. Es una estrategia de socialización que garantiza nuestra sumisión, ya que nos obliga a poner los deseos y las opiniones de las demás personas por encima de las nuestras. Embromar, cuestionar, razonar; todo eso significa fijar posición y cuando fijamos posición estamos impidiendo que otra persona interponga su posición sobre la nuestra. Esto tipifica como un Crimen de Pensamiento Tipo III, en el reglamento del Funcionamiento del Patriarcado.

Pero eso son razonamientos teóricos… yo personalmente no fui inmune a esa misma socialización. Así que yo no esperaba el momento en que saliera de aquel lio y volver a mi vida, más o menos aburrida. Porque en verdad (y esto se lo digo en confidencia a ustedes), soy una muchachita pacífica y hasta cierto punto ermitaña. Tener que bregar mucho con gente me causa estrés, y estar en conflicto con gente me da raquiña. Poco me imaginaba aquella tarde de otoño en la que conversaba con compañeras, que después de esa situación yo me iba a meter en otro lio y después de ese en otro más. ¡Ustedes ni se imaginan el tremendo liazo en el que estoy metida ahora!

“Tú eres una bruja. Y está que está aquí es otra bruja”, dijo señalando a mi amiga, también una tremenda revoltosa

Pero es que eso es el movimiento. Yo pudiera fácilmente escribir novelas históricas, que me fascinan, y dedicarme a analizar literatura barroca. Pero no. Yo escogí la lucha feminista… ¿o será que el patriarcado se metió conmigo y me convirtió en feminista inadvertidamente? Si usted me está leyendo, es probable que usted también o escogió la lucha o la escogieron a usted para la lucha. Entonces, sin más rodeos, hablemos de nuestro movimiento.

Si nos llevamos se los medios populares, diríamos que el movimiento feminista vive su mejor momento. Gracias a los esfuerzos de las mujeres que batallaron en las generaciones pasadas, hoy en día todo el mundo parece tener una opinión sobre el acoso sexual: que constituye o tipifica eso, qué tipo de consecuencias debería acarrear cada cosa, será que estamos hablando demasiado o muy poco sobre el asunto… Esta conversación colectiva representa un avance, que se une a otros muchos avances que las mujeres y niñas estamos cosechando, luego de décadas de esfuerzos de nuestras compañeras mayores.

Pero como el feminismo es un movimiento que concierne, primordialmente, a 3,5 mil millones de personas, en contextos culturales y legales diferentes, con todo tipo de intersecciones que deben tomarse en consideración, esto quiere decir que tenemos muchos frentes abiertos. Siempre demasiados, con un solo común denominador: nuestro sexo biológico.

Y aunque en los medios populares nos vendan la idea de que deberíamos cantar victoria por el tardío reconocimiento que alegan estar “disfrutando” el movimiento en estos momentos, eso son los medios populares. Y si hay algo que sabemos de los medios de comunicación, es que sólo nos cuentan la mitad de la realidad… como mucho.

Si prestamos atención detenidamente, nos damos cuenta de que el movimiento está atravesando uno de sus momentos más difíciles, complejos y peligrosos. Particularmente, en términos de derechos legales de mujeres y niñas ganados. Si el feminismo está en su mejor momento, ¿por qué las mujeres en Inglaterra tenemos que reunirnos en secreto para debatir sobre las implicaciones de cambios legales a una ley sobre género? Lo lógico es que si todas, todos y todes tenemos género, entonces todo el mundo tiene derecho a debatir sobre género. ¿Por qué entonces hemos tenido que contratar seguridad para garantizar que no le vaya a pasar nada a las mujeres (y aliados) que vengan a nuestro próximo evento? ¿Por qué tenemos que mantener el lugar del evento secreto? ¿Qué tan secreto? Bueno, yo estoy presidiendo el evento, que tendrá lugar en ocho días, y yo misma no sé dónde será… así de estrictas tienen que ser las medidas de seguridad. ¿Por qué si se supone que nuestro movimiento esta más aceptado que nunca, yo estoy recibiendo amenazas violentas y enfrentando una campaña de difamación, solo por atreverme a presidir un panel feminista?

El feminismo es un movimiento que concierne, primordialmente, a 3,5 mil millones de personas

Nunca, en los años que tengo de activista, había tenido que aprender tácticas tan circunspectas. Ni siquiera cuando realizamos una protesta contra el aquel entonces candidato presidencial estadounidense Donald Trump, tuve que tomar tantas precauciones.

¿Por qué luego de mi último artículo sobre sexo y género, no paran de escribirme mujeres que me confiesan en confidencia, que ellas también “tienen mucho tiempo cuestionando todo esto del género” y “lo que está pasando en el movimiento”, pero que tienen miedo de las repercusiones que pueden sufrir si cuestionan en voz alta? Nota editorial: no me dejen de escribir, por favor, que a mí no me molesta. Es sólo que me preocupa que este es el nivel de censura que hay dentro del movimiento.

Si el feminismo va viento en popa, ¿por qué hay tantas compañeras con miedo de que, si cuestionan algunos temas, y si no pronuncian el discurso aprobado por sus superiores, tal cual, van a sufrir un linchamiento simbólico, y hasta amenazas de muerte, por parte de personas que dicen ser nuestros aliados progresistas? La mayoría de las compañeras que me leen sabe perfectamente de lo que estoy hablando. Pero si usted no se ha dado cuenta, le sugiero que se ponga al día, pues ya es hora de que tengamos estas conversaciones en público y no como susurros atemorizados.

El feminismo atraviesa su mejor momento, pero ¿qué es el feminismo? Es curioso …, pero parece ser que justo ahora ha surgido una profunda confusión sobre qué somos y qué queremos.

En diciembre, el diccionario estadounidense Merriam-Webster seleccionó la palabra “feminismo” como palabra del año 2017. Cuando vi la noticia, este corazoncito cínico mío pensó “seguro que pusieron una definición super sosa, como esa que dice que el feminismo es creer en la igualdad.” Pero afortunadamente, me equivoqué. La definición ganadora fue decente. Según el diccionario el feminismo es “la teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos” y “actividad organizada en nombre de los derechos e intereses de las mujeres”.

La poderosa organización de lobbismo feminista Ms. Foundation for Women celebró la noticia anunciando “¿Qué es el feminismo? ¡Es la palabra del año según el diccionario Merriam-Webster!” Y a continuación, ofrecieron su propia definición: “En caso de que se les olvide: el feminismo es la igualdad social, política y económica de todos los géneros”.

Yo nunca había visto una definición del movimiento tan despolitizada como esa que promueve el Ms. Foundation for Women, y miren que he visto muchas. Esta definición, débil y confusa, es una concesión al patriarcado. Es decirle al sistema de supremacía de los hombres: “Si, yo sé que a ustedes les molesta que nosotras hablemos tanto sobre feminismo. Pero miren, ¿qué tal si nosotras cambiamos las definiciones del feminismo, borrando todo rastro de las dinámicas de poder y la opresión de los hombres sobre las mujeres, para que ustedes se sientan más cómodos?” Es ceder no sólo el argumento, sino también el movimiento.

¿Será que el feminismo se está volviendo popular justamente porque estamos aceptando pasivamente la descentralización de las mujeres de nuestro propio movimiento?

Pero pudo ser mucho peor.

La popular revista estadounidense sobre activismo feminista Everyday Feminism alega que no sólo debemos descentralizar a las mujeres del movimiento, sino que insistir en decir que el feminismo es un movimiento que busca la liberación de las mujeres es “hiriente” y “dañino” … Y yo pregunto: ¿para quién?

En un artículo titulado “¿Es el feminismo un movimiento sólo para mujeres, o es sobre todas las formas de opresión?”, la escritora y estudiante de filosofía Celia Edell argumenta que en realidad hay dos tipos de feminismos: uno que “pelea para acabar todas las opresiones” y otro que es “feminismo centrado en las mujeres”. Según ella, el malo y opresivo es el segundo… Estos son aspectos ilustradores en caso de que usted no se haya dado cuenta de por dónde va la cosa.

¿Será que el feminismo se está volviendo popular justamente porque estamos aceptando pasivamente la descentralización de las mujeres de nuestro propio movimiento?

Edell argumenta:

“El feminismo nos hace pensar en un movimiento enfocado en las mujeres, que lucha por la liberación de la mujer de la opresión patriarcal. Este movimiento tiene varias décadas y se ha enfocado en las inequidades legales, el voto de la mujer, la reforma al sistema de educación, inigualdades culturales, roles de género, feminidad, etc.

Pero este feminismo es hiriente y potencialmente dañino. Hiere a las minorías de género y a las mujeres trans, pues se enfoca en la opresión, y solamente en la opresión y experiencias de las mujeres cis. Algunas feministas se identifican con la noción de que el feminismo busca la liberación de la mujer, y aunque eso es técnicamente correcto, esta definición no encapsula todas las maneras que diferentes tipos de opresión afectan a las mujeres. Tampoco toma en cuenta las opresiones que afectan personas que no son mujeres”.

¿Quién representa una “minoría de género” si no son las mujeres y niñas? Parecería ser que, bajo esta nueva conceptualización, nosotras somos en realidad parte de la clase dominante. En su argumentación Edell concluye diciendo: “el feminismo es una colección de movimientos que reconoce todo tipo de opresiones que afectan a todo tipo de personas”.

Vaya y prepárese una taza de té de manzanilla para que no le baje la presión. Yo la espero.

¿Ya volvió? Bueno, ¡arranquemos!

Personalmente, no voy a decir nada sobre la idea de que el movimiento feminista “tiene varias décadas”, (cuando la sublevación de las mujeres y niñas contra su opresión es milenaria), pero eso de que en el feminismo no podemos enfocarnos en los derechos de las mujeres es delicado y hay que desmenuzarlo bien. Fíjese también cómo en esta argumentación no se menciona la principal lucha del movimiento: acabar con la violencia machista.

¿Qué es eso? ¿Por qué justo cuando más necesitamos definiciones fuertes, de repente todo se diluye? Imagínense un líder obrero decirle a otro líder obrero “Compañero, cuidado con eso del socialismo que estamos excluyendo a los capitalistas”. Imagínense también a los medioambientalistas diciendo “Ojo con ese discurso enfocado en salvar la naturaleza. Que en realidad nuestra lucha son todas las luchas, por todas las causas, que afectan a todas las personas, seres vivientes, no vivientes, demás planetas, la Vía Láctea, otras galaxias…”

A veces es difícil explicar cuál es el problema con estas conceptualizaciones, pero imagínese una prominente organización socialista diciendo que el socialismo es “liberación para todas las clases” o al Black Lives Matter diciendo que su propósito es “liberar todas las razas”.

¿Por qué el feminismo tiene que ser el único movimiento que ha de estar tan diluido, tan desgranado, tan apologista y desenfocado sobre sus propósitos? El problema es más insidioso: si nosotras no hacemos un esfuerzo deliberado en centrar y problematizar la supremacía de los hombres en un sistema patriarcal, damos paso a la idea de que nuestras opresiones como mujeres son el fruto de fallas individuales de cada una de nosotras.

Ojo con eso.

Ya hemos hablado de que hay hombres que temen que al mencionar las palabras misoginia, sexismo y patriarcado se les caerán los testículos. Pues, ¡yo apoyo que se les caigan! También hay mujeres que prefieren extirparse un ovario antes que colocarse en contraposición ideológica a los fines del patriarcado… Amiga, como mínimo, ¡dónelo! Esta cansina negociación constante de querer popularizar el movimiento sin mencionar claramente que somos y por quienes peleamos, ni tener que ensuciarnos las manos en las peleas y los temas difíciles, no nos ayuda.

¿Por qué justo en el momento en el que nuestro movimiento nos necesita más fuertes y corajudas, recibimos mensajes de que tenemos que ser extremadamente complacientes, laxas y mojigatas? De que nuestro movimiento es todo y nada… Ningún movimiento es sostenible sin definiciones claras y objetivos específicos.

Esto no es nuevo: pasa en cada década. Siempre que ganamos un centímetro, tenemos que cuidarnos de no perder un metro en el retroceso, debido a la revancha que acompaña cada éxito y victoria. Pero temo que quizás hemos tardado mucho en darnos cuenta de que también ahora, especialmente ahora, que nos dicen que el feminismo está en su mejor momento, no podemos sentarnos en nuestros laureles, si es que tenemos algún laurel donde siquiera sentarnos. Por el contrario, tenemos que estar más vigilantes que nunca.

Así que, en este 2018, ¿me atrevo a argumentar que necesitamos un feminismo menos complaciente? ¿Qué ya que rompimos la barrera de ser populares, lo suficiente para llegar al tope de un diccionario de establishment, nos atrevemos ahora a dejar la paranoia de ser siempre solícitas y nunca ofender a nadie y nunca decir las cosas con firmeza para que nadie se sienta intimidado? Me atrevo a eso y a más.

Yo creo que parte de esta aprensión se debe a la manera en que a las mujeres nos socializan para siempre agradar. Como explica la compañera nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, la sociedad nos inculca que “agradar” es una parte intrínseca de ser mujer.

Ngozi Adichie teoriza:

“Creo que nuestra sociedad les enseña las niñas que ser agradables y caer bien es una parte esencial de ti, y del lugar que ocupas en el mundo. Que tenemos que retorcernos y molderarnos para ser más agradables, que tenemos que frenarnos, echarnos para atrás, nunca decir, nunca insistir, porque queremos ser agradables.

Y yo digo que eso es mierda.

Así que mi mensaje a las niñas y jovencitas es: olvídate de ser agradable. Si te pones a pensar que debes serlo nunca contarás tu historia con honestidad, porque te la pasarás preocupada de no ofender a nadie. Y eso va a arruinar tu historia, así que olvídate de ser agradable. Y, además, el mundo es un lugar tan maravilloso, diverso y multifacético, que te aseguro que a alguien terminarás agradando: no tienes por qué estarte retorciendo y moldeándote para complacer a los demás”.

Tal parece que Chimamanda Ngozi Adichie es otra oráculo.

Cuando la compañera me dijo que yo era una bruja, máss que una acusación, yo lo sentí como una revelación. Como si la compañera me estaba revelando un secreto que ya yo sabía, pero que yo no me lo quería admitir ni a mi misma.

Las brujas, esas que han sido vilipendiadas a través de la historia, estaban metidas en todo tipo de líos. No eran complacientes con casi nadie y les caían mal a más personas que a quienes simpatizaban. El movimiento feminista busca desmantelar el sistema de opresión más colosal que ha conocido la humanidad: uno que a subordinado a la mitad de la población que ha habitado este Planeta Tierra. Si la versión chévere de nuestro movimiento feminista le cae bien a todo el mundo (particularmente al sistema), es porque va mal y tenemos que cuestionarnos seriamente los objetivos.

No soy religiosa, pero yo rezo para que todos los días nazcan más brujas. Y ojalá que las que ya estamos, seamos todos los días incluso más brujas.

Fuente: https://www.elplural.com/sociedad/2018/02/02/mas-brujas-y-todos-los-dias-mas-brujas

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